lunes, 3 de mayo de 2010
De Alejo Carpentier
Al cabo de un tiempo cuya medida escapa, ahora, a mis nociones -por una aparente brevedad de transcurso en un proceso de dilatación y recurrencia que entonces me hubiera sido insospechable-, recuerdo esas gotas cayendo sobre mi piel en deleitosos alfileretazos, como si hubiesen sido la advertencia primera -ininteligible para mí, entonces- del encuentro. Encuentro trivial, en cierto modo, como son aparentemente todos los encuentros cuyo verdadero significado sólo se revelará más tarde, en el tejido de sus complicaciones... Debemos buscar el comienzo de todo, de seguro, en la nube que reventó en lluvia aquella tarde.
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