jueves, 4 de junio de 2009

Mi forma de muerte elegida

Tú eres mi vida y mi amor y mi vida de conocimiento, y como eres mi vida no quiero tener a mi lado a otra persona que tú cuando muera. Pero no quiero que llegues de pronto a mi lecho de muerte tras saber que agonizo, ni que acudas a mi entierro para despedirme cuando yo ya no te vea, ni pueda olerte, ni pueda besar tu cara, ni tan siquiera que aceptes o busques acompañarme en mis últimos años porque los dos hayamos sobrevivido a nuestras respectivas y lastimeras y saparadas vidas, pues no me basta. Sino que quiero que en la hora de mi muerte lo que allí esté presente sea la encarnación de mi vida, que no será otra cosa que la que ésta haya sido, y para que tú la hayas sido es necesario que hayas estado a mi lado también desde ahora y hasta ese momento definitivo. No podría soportar que tú fueras sólo recuerdo y estuvieras mezclada y pertenecieras a un tiempo lejano y borroso que es nuestro nítido tiempo de ahora, porque es el recuerdo, y el tiempo lejano y la mezcla lo que más detesto y lo que siempre he intentado rebajar y negar y enterrar a medida que se iban formando, a medida que cada presente estimado y enaltecido dejaba de serlo para ser pasado, e iba siendo vencido por lo que no sé cómo llamar si no lo llamo su propia e impaciente posteridad o su no-ahora. Por eso no debes marcharte ahora, porque si ahora te marchas me quitarás no sólo mi vida y mi amor y mi vida de conocimiento, sino también mi forma de muerte elegida.

El hombre sentimental, Javier Marías.

0 comentarios:

Publicar un comentario en la entrada