domingo, 19 de abril de 2009

¿Quién coño me ha robado el mes de abril?

Diría Sabina, pero Montemayor lo dice así:

Quiero decir ahora algunas cosas que nos pasan
recordar algunos instantes que una mentira dulce
nos hace creer que fueron nuestros para siempre.
Por ejemplo,
el sol que mucho tiempo después vuelve de otras tardes
y por primera vez enciende nuestra alma.
La luz que alguna noche nos atisbó de pronto
desde una ventana o puerta entrebierta,
como si todo ahí fuese posible, aun la dicha.
O aquella calle, aquel perro de ojos humanos
perdido en la noche como si amara la ciudad,
detenido en una esquina
como si quisiera retener para siempre el recuerdo de ese instante.
Las largas noches en que estuvimos oyendo, desconocidos, la misma lluvia.
La embriaguez en que suspendida sobre los años
apareció nuestra vida,
como un arrepentimiento sin objeto
como si nada nuestro fuera a abandonarnos.
O el instante en que estamos sobre la hierba
y vuelve a aparecer el cielo que no habíamos mirado desde la infancia.
Mencionar también, por ejemplo,
cuando sentimos que la vida huye
y quedamos para siempre a solas,
sin la huella ciertísima de los cuerpos
que tuvimos en nosotros, amando en nosotros;
la huella que otros cuerpos en el nuestro dejaron,
como queda sobre la tierra la huella de la hierba,
del sol o de las piedras.
O hablar del instante en que sentimos la vida,
en que el aire entra en nosotros,
en que la sangre tañe celebrando en nuestras venas,
en que las cosas son como pañuelos de bienvenida en nuestros ojos;
el instante en que es posible entender
que no estemos siempre,
que no volvamos a decir a la vida
oh, desmemoriada, canta siempre.
Mencionar tambien los instantes en que el cansancio nace,
el cansancio que es una gota caliente
que atraviesa el cuerpo de norte a sur
sin entender qué procuramos aquí,
qué más habremos de no tener ni amar,
antes de los otros cuerpos
que desde nuestra oscuridad y abismo
acechan y esperan
en su danza solitaria y sin sentido.
Quiero hablar ahora de cada instante
como si fuera no sólo el paso de la estrella caliente del olvido,
no sólo el paso del alba que nos despierta.
El instante en que cada mirada se torna al vacío,
cuando el amor vuelve su rostro de hoguera
y nos incamos a su vera como leños sedientos.
El instante, polvo delicado que cubre el vidrio de la vida.
El instante que se marcha
sin entender por qué, abriéndose desde la nada,
el sentimiento se unde perdiendo sus caminos,
aferrándose a un hombre,
abandonado en nuestros días
como un ebrio que se apoya en los recuerdos.

"Poema 9", Abril y otros poemas, Carlos Montemayor.

1 comentarios:

  1. ahora si que nos robaron el mes de abril y ni día del niño hubo...

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